Futuro de las células iPS

Publicado en Observatorio de Bioética el 4 de Julio de 2017

Foto: Kyodo News via Getty Images

Las células iPS, de las que se derivan todo tipo de tejidos, pueden utilizarse sin ningún problema ético al provenir de células adultas. En cambio, el uso de las células madre embrionarias comporta importantes problemas éticos, al proceder de embriones humanos destruidos

En un reciente artículo publicado en Nature  se comentan algunos aspectos concretos sobre el posible uso clínico de las células iPS. Como muy bien se sabe, las células iPS son células adultas reprogramadas de las que pueden derivarse células de prácticamente todo tipo de tejidos. Esto hace que sean células con un posible potencial clínico. Por otro lado, el que se obtengan a partir de células adultas evita todas las dificultades éticas que su uso pueda tener, circunstancia que no ocurre con el uso de las células madre embrionarias, de las cuales pueden derivarse también células de todos los tejidos, pero como para obtenerlas hay que destruir embriones humanos la eticidad de su utilización está muy controvertida.

En el artículo de Nature al que nos estamos refiriendo se comenta que el equipo japonés, dirigido por Masayo Takahashi, puso en marcha un primer ensayo clínico para generar células de retina a partir de células iPS, para tratar la degeneración macular de la edad. En él se introdujeron dos  pacientes. En el segundo de ellos se pudo comprobar que en la reprogramación celular se producían modificaciones de su genoma, que posiblemente pudieran favorecer el desarrollo de células cancerosas. Por ello el ensayo clínico fue detenido.

El pasado 28 de marzo la propia doctora Takahashi y un colega suyo, Yasuo Kurimoto, del Centro Médico del Hospital General de Kobe, publicaron una modificación de su técnica inicial que supone un giro importante en dicha metodología, y que consiste fundamentalmente en obtener las células iPS de donantes anónimos. Esto hace que pueda disponerse de las células iPS con mucha mayor facilidad y rapidez para su aplicación cínica, a la vez que facilita los costes de su utilización, pues cuando las células iPS son derivadas del propio paciente, aunque ello tiene ventajas en cuanto a reducir el rechazo inmunológico que su implantación pueda tener, hace que el procedimiento de obtención sea lento y costoso, pero si estas células pudieran obtenerse de donantes anónimos y almacenarse en un banco celular, previamente seleccionadas para garantizar una buena respuesta inmunológica, los costes se reducirían sensiblemente y su posibilidad de uso clínico aumentarían de forma extraordinaria.

No cabe duda que esta noticia, con independencia de su interés bioético, pues como ya hemos comentado las células así obtenidas no ofrecen dificultades éticas para ser utilizadas, ampliaría  el uso clínico de las células iPS.

*Ver artículo estatuto biológico del embrión humano.

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